Dijo "nunca más" cómo aquél cuervo azabache del poema de Poe.
Pero cuál ser humano cedió.
Repitió el tropiezo allí justo dónde más daño se había hecho al tropezar.
Al caer encontró la pesada piedra que le había hecho caer.
La cogió y llevó para recordarse aquella caída. Sin saber que el peso de llevarla era lo que le hacía caer continuamente en el camino.
Pero ya le había cogido cariño a aquélla piedra que consideraba su talismán.
Aún viendo que caía por su causa,se aferraba a ella aunque en la caída le rajase los brazos.
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