viernes, 9 de enero de 2015

HISTERIA - prologo

PRÓLOGO


Corría.
Las gotas de lluvia reflejaban los relámpagos que se dibujaban entre las fachadas de los edificios cubiertas bajo el manto de la noche.
No tenía ni idea de hacia dónde se dirigían mis pasos. Corría sin rumbo. Había tanta niebla que no podía ver nada. Pero seguí avanzando.
Los latidos acelerados de mi corazón marcaban el ritmo de mis pasos.

Distinguí entre la niebla lo que simulaba ser la silueta de unos columpios. ¿Estaría en un parque?
No tenía tiempo para comprobarlo, seguía oyendo ésa apremiante rasgazón tras mis pasos.
"¡Corre!"- gritó una voz de alarma en mi cabeza.
Corrí, de nuevo, sin saber hacia dónde.
Las lágrimas a penas se notaban en mis mejillas con las gotas de lluvia que caían en mi cara, repiqueteaban en los charcos del suelo, los cristales de las ventanas, de los coches...
Caí.
Había algo...blando...viscoso, bajo mis piés. El ruído se aproximaba y mi instinto gritaba, cada vez más alto, que saliese corriendo de allí.
La niebla se hacia más y más densa a medida que yo trataba de incorporarme escapando de aquella viscosa substancia... comenzaron a hacerse audibles unos crujidos a mi alrededor que hacían que mi cuerpo se estremeciera con cada uno.
No sé si por la adrenalina del miedo, o por éste mismo, pero conseguí despegarme del suelo. Me incorporé, y de repente, la lluvia cesó.
Se hizo el silencio. El silencio lo envolvió absolutamente todo.
Y con ello, creció mi malestar en el cuerpo. Miedo. Parálisis.
Y de pronto, un escalofrío recorrió mi cuerpo, de piés a cabeza, dejándome un sabor metálico en la boca.
-"Gotita...gotita...gotita..."- me parecía oír en mi propia quietud envuelta en aquel extraño silencio.
Un crujido.
Dos ojos.
Una mirada: muerte.






De repente vi la luna, dibujando su luz entre las pequeñas rendijas que entreabrían las nubes. Sin embargo... sentía mis ojos cerrados, ¿cómo entonces podía ver la luna?
Juraría que fue en ése preciso instante de inconsciente incoherencia en el que recuperé mi consciente coherente.
Comencé a oír un pitido, como el de un camión al dar marcha atrás. Sólo que éste pitido me perforaba el tímpano como queriendo decir algo.
Entonces lo oí.
- "Gotitagotitagotitagotitagotitagotitagotitagotita..." - susurrando en el fondo de mi ser cada vez más profundo. Y así, los susurros se hicieron dagas.
Sin quererlo, empecé a gritar de terror.
Los "susurros" perforaban mi mente peor que si fueran taladros. Eran gritos que cortaban, aullidos que arañaban hasta el interior, chillidos que me agujereaban y escuadriñaban hasta lo más profundo de mi mente...
Silencio.
Ya no había dolor, sólo quietud.
Silencio.
Y entonces, miedo. Y ésos dos ojos rojos, empapados en sangre y entrecerrados escribiendo una única palabra: muerte.
Grité. Me removí cuánto pude, pero no me moví ni un ápice del sitio.
Entonces lo sentí.
El frío acero contra mi piel, rozando contra mis mejillas.
Traté de chillar sin conseguir emitir sonido alguno. También fallaban mis intentos de volver a abrir los ojos.
Mi cuerpo no respondía ante las órdenes de mi mente, tan sólo respondía estremeciéndose al estímulo del frío acero.
Miedo.
Supliqué en el interior de mi mente, rogando a todos los dioses que conocía. Tan sólo me quedaba rogar, con la esperanza de que existiese un cielo, un Hades, un valhalla... lo que fuera.


Todo cesó.
Mi cuerpo poco a poco comenzaba a responder.
Ya no notaba dolor, ni el frío del acero o el gélido aliento que lo acompañaba.
Me atreví a abrir un ojo. Nada.
Aspiré, el hedor a muerte también había desaparecido junto a aquella gélida mirada.
Traté de incorporarme, pero estaba encadenada a una especie de catre en el que me hallaba tumbada.
Junto a mi mano izquierda cayó una pluma, negra como el azabache. Intenté cogerla, pero en cuánto mis dedos la rozaron, ésta se deshizo en cenizas.
-"¡Ah!"- otra pluma cayó cortando mi mejilla derecha.
Miré el techo. Miles, millones, billones de plumas negras cayendo sobre mí, dispuestas a cortarme en pedazos.
Cerré los ojos. Ya no iba a suplicar. Aquello ya era el infierno.
Esperé mi humillante, doloroso e incierto final.



-"Gotita... gotita... gotita... gotita..."- oía en el fondo de mi mente.
Ya no tenía miedo de aquel susurro; pues comenzaba a creer, en mi creciente locura, que era producto de mi mente que contaba, de forma inconsciente, las gotas que caían sobre mi cuerpo.
Tal vez fuera un sueño.
Abrí los ojos, pero no desperté.
Ya no me hallaba en aquel catre mugriento.
No veía nada. No oía nada más que mi mente contando las gotas que caían en mi cuerpo.
Tan sólo notaba la dureza y frialdad de la pared en mi espalda.
Ya no estaba atada.
Podía incorporarme y escapar de aquel olor a putrefacción.
Intenté incorporarme con un resultado nulo, así que me arrastré como pude en busca de una salida. Es decir, me dirigí a rastras hacia la ligera corriente de aire que llegaba hasta mí.
 Caían plumas del techo deshaciéndose en mil cenizas en su caída.
Las gotas seguían cayendo al ritmo al que las plumas se deshacían, al ritmo que mis extremidades palpitaban del esfuerzo de arrastrarse.
Cada vez me sentía más exhausta y mareada, asqueada por el creciente hedor. A penas era capaz de aguantar las naúseas.
Decidí parar mi arrastre y ponerme boca arriba con la intención de tratar de evitar las naúseas.
Pero seguía jadeante, tanto por el esfuerzo como por el nauseabundo olor.
Intenté acompasar mi respiración, inhalando y exhalando suavemente... una gota cayó en mi boca. Estaba dulce... y caliente.
Asqueada, proseguí mi camino con las gotas y las plumas cayendo a mi paso. Cada vez me dolían más los músculos.
Empezaba a decaer mi ánimo de supervivencia.
Entonces, al fondo de mi camino se distinguió una luz tenue de color violeta.
Tenía que llegar a ella.
Ignoré que cada movimiento me entumecía, desgastaba y lesionaba un poco más, y me dirigí con ahínco hacia la luz.
Llegué, exhausta,malherida y jadeante a las puertas de mi destino.
Ahora veía dónde me hallaba gracias a la penumbrosa luz violeta que iluminaba excasamente alrededor.
Estaba en una gruta, lisa y húmeda. Miré a mi alrededor y tuve que contener un grito.
Cientos de cuerpos muertos y putrefactos se encontraban por toda la gruta: encadenados, despedazados, magullados... entre las cenizas de las plumas que se deshacían en el aire, y las gotas que caían del techo.
Me acerqué a la zona más clara de la sala, intentando comprobar qué eran aquellas gotas.
Los susurros hacía rato que se habían apagado.
Pero conforme avanzaba a rastras hacia la claridad, se comenzaba a oír, de forma cada vez más perceptible, un rasgar acompañado de un extraño crujido.
Llegué la zona clara, ahora veía lo que eran con claridad...sangre.
Empezaba a perder la consciencia, mareada por el duro choque de la realidad.
Caí al suelo, semiinconsciente, dejándome envolver poco a poco por la negrura.
Pero antes de rendirme a ella, los vi.
Aquellos dos ojos con su mensaje escrito "ESTÁS MUERTA"
Y me quedé inconsciente. Me rendí a la oscuridad.



Desperté sumida en un haz de luz.
No era aquella luz violeta, era dorada cuál fulgor de un tesoro pirata.
¿Dónde estaba?
Me incorporé con sumo cuidado pensando que cualquier movimiento exharcervado podría romperme en mil pedazos; sin embargo, comprobé para mis asombros, que no me dolía nada.
Tenía que estar muerta. Éso debía ser sin duda alguna.
Fuí hacia la luz. Al fin y al cabo, éso era lo que se suponía que había que hacer, ¿no?
-"Ven"- sonó en mi mente.
Caminé, sin miedo. Más tranquila y segura de lo que había estado en toda mi vida.
Y le vi.
El rostro más hermoso que había visto nunca.
El cuerpo más perfecto que un anciano podría tener, esculpido cómo el de un adolescente.
La mirada... la mirada más bella y profunda que había podido alguna vez contemplar. Escondía el paraíso, la eternidad y la felicidad en ella.
Y todo envuelto en un haz de luz dorado.
Entonces... un cruce de miradas. Una sonrisa. Un movimiento. Su dedo corazón en mi frente. Un gesto. Luz.




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Hasta aquí el prólogo de Histeria.
Espero que os haya gustado.
Con cariño,
          N.

HISTERIA

Bueno a partir de ahora he decidido seguir con la novela empezada por ganar un concurso de relatos cortos con la introducción.
Vamos a ver como va saliendo el invento.
En los próximos post os iré dejando los capítulos, y en el siguiente empezamos con la introducción.
Bueno... espero que os guste :)


att.

N.