lunes, 17 de abril de 2023

El mundo es nuestro

 Hay un sabor especial en la oscuridad de la noche. En el silencio impenetrable de la sobriedad y grandeza de las estrellas.

Sabe a paz. A peligro.


Mis pasos, firmes pero sin rumbo, se adentran en la niebla del bosque.

Y éso me acelera el pulso.


Los jadeos de mi acompañante resuenan en la penumbra.

No le veo. Pero sé que siempre me cubre las espaldas.


Cierro los ojos, aunque no hace falta. No se ve nada.

Dejo que la brisa me invada, me haga alzar el vuelo.


No oigo nada salvo los pasos, lejanos... De fondo. Me espera. Ardiendo en deseos de que vuelva a aterrizar sobre la hierba alta.


La brisa cesa.

Abro los ojos.

Noche, oscuridad y... Él.


Él me recibe con alegría.

Me hace sonreír.


Estamos aquí, en medio de la negrura.

Estamos sólos.

En medio del silencio, de la nada.

Pero en ése instante...

Nada es precisamente lo que importa.


Porque juntos, somos todo.

Tiene el mundo entero esperándome en su mirada.

Y en ése momento, el mundo ... Es nuestro.

Solamente nuestro.

domingo, 2 de abril de 2023

Amor palpable

 El amor de verdad, no es un amor sin problemas ni discusiones.

Es un camino con baches, con curvas interminables.

El amor de verdad, es algo que se demuestra cada día. Es palpable.


Se trata de poner a diario en su cara una sonrisa.

De hablar los problemas con calma. De vivir sin mentiras.

Se trata de confianza, de ir con los ojos vendados en un campo de minas.

Dejarte guiar. Mejorar.

De cambiar tus manías por ver cómo su sonrisa brilla, se ilumina.

De crecer, superarte. Hacer lo posible por ésa persona que ha decidido cuidarte.

Que te quiere más que nadie.



El amor se trata de navegar juntos las tormentas.

De tirar uno sólo del carro, pero por los dos, cuándo el otro no pueda.

El amor de verdad se trata de querer ser mejor por una persona.

De confianza, de saber hablar las cosas.

Se trata de valorar el tesoro que te están regalando.

Su amor, su tiempo y su cuidado.

Suspiros que ahogan

 ¿Sabes ésa sensación de no poder respirar? ¿De que sólo el hecho de pensarlo te ahogue?


Te sumes en un oscuro vacío.

Te duele la cabeza, pitan tus oídos, flaquean tus fuerzas.

Y, de repente, todo oscurece. Y caes. Sin fin. 

En una vorágine de miedos, inseguridades, complejos, ataques, dudas... En una batalla que libras contra ti mismo.

La peor de todas las batallas. Porque sabes que, pase lo que pase, saldrás perdiendo tú.


Intentas calmar el vértigo, mientras resuenan incontrolables los gritos de autocrítica en tu cabeza. Sin poderlos silenciar.


 Intentas frenar. Detener toda ésa espiral de dañina locura que tú mismo has creado.


Nada funciona.


Te ahogas.


Te tiemblan las piernas.


Tus manos ya no son nada salvo un reflejo de la vibración de tu teléfono móvil. Que suena. Pero sólo oyes ésos gritos en tu cabeza. 

Sudas. Pero tienes frío.


Y te pierdes.


Te dejas caer a ése vacío, tan lúgubre. Tan conocido.

Dejándote envolver en ése oscuro abrazo de tus miedos. De tus errores. De tus dudas.


Sabes que no puedes resistirlo. Sólo puedes gestionarlo.

Así que lo dejas salir. Porque ha venido para quedarse.


Ansiedad, ésa compañera que nunca va a marcharse.



El reloj sigue girando.

 A veces, hay momentos en la vida en los que nos encontramos perdidos. Sin saber muy bien qué hacer. Por dónde ir. Cómo encontrarnos de nuevo.

A veces, sin saber cómo, seguimos caminando. Exhaustos, medio idos. Cómo si observásemos nuestros pasos desde lejos.

Sin poder detenerlos. Sin poder dirigirlos.


A veces, simplemente andamos. Sin rumbo. Sin camino. Pero siempre hacia delante.

La cabeza gacha, la mente ausente. Pero caminando con un ritmo constante. Sin pausa.


Porque la vida no se detiene. El libro aún no se acaba.

Sigues escribiendo, caminando.

Porque, ocurra lo que ocurra, el reloj sigue girando.

Maxia que quenta a alma

 Aires de bruma, aires de dúbida.

Ventos de nubes escuras.

Néboa e penumbra.

Gotas de choiva, miúda, fresquiña.

Ecos que se perden na chuvisca.

Mans ben frías.

Unha mirada, no medio da orballada.

Un sorriso que contaxia.

Maxia.

Un abrazo que trae calma.

Un beso que quenta a alma.

Suspiros do Norte

 Miles de pisadas vellas,

borradas polas ondas e seus cánticos de pena.

Choros agochados na area.


Secretos contados en baixo disos que garda a alma, 

resgardados nas pegadas da ondada.

Silencio na paisaxe, calma.


Unha luz que trala ondada se esconde,

purpurina que debuxa o Horizonte.

Suspiros do aire do Norte.



Ése instante que te hace volar

 ¿Recuerdas un momento concreto dónde hayas sido realmente feliz?


Te permito unos instantes para poder evocarlo.


Y ruego, desesperadamente, que pienses en ése recuerdo.

Que te sumerjas en él.


Y ahora, rememorad.

Antes de ése momento especial... Hubo golpes, tormentas, caídas de las que creíste no te podrías recuperar; y, aún así, llegaste hasta ése momento.



Así que, cuándo todo vaya mal, recuerda: Vas a superar ése momento, igual que has superado muchos otros.

Y después de navegar en ése infierno, siempre llegará un bonito recuerdo. De ésos que se hacen eternos. De ésos que dejan marca y no se pueden olvidar. De ésos que hacen que puedas volar, alto, muy alto... Y que tu sonrisa vuelva a brillar.

Todos somos narcisistas.

 Todos, TODOS, somos un poco narcisistas.

Es normal, ¿no?


Nos gusta que nos mimen, que nos hagan sentir queridos, que se preocupen por nosotros...


Pero, ¿cuántos de nosotros ayudamos de forma desinteresada a alguien? Cuántos damos apoyo a quién lo necesite, sin necesidad de que no caiga bien o sea de la familia? Cuántos de nosotros podemos dar sin pedir nada a cambio y sin que hagan nada por merecérselo o ganarlo?


Todos, TODOS, ganaríamos si en lugar de ser tan rencorosos, egoístas y narcisistas; ayudásemos a que todo el mundo tuviera una sonrisa en la cara, un apoyo, un momento dónde sentirse respaldado, apreciado... Puede que hasta querido.

Todos necesitamos éso.

Sin tener por qué habérnoslo ganado.

Sin merecerlo.

Sin conocernos.


Todo el mundo merece apoyo, una sonrisa y que alguien le diga "vengo a ayudarte, no necesito que me expliques nada más".

Los cuatro minutos eternos.

 Hacía tiempo que no sentía ésto.

Que un segundo no me duraba horas.

Que un minuto no se me hacía una tortura eterna.

He recordado la pérdida. El miedo.

Sentía cómo el agobio se me comía por dentro.

Le llamaba a gritos.

Una y otra vez.

Pero no venía.

La respiración empezaba a hacerse pesada.

Las lágrimas acompañaron a los gritos.

El horror empezó a dejar volar su imaginación de la peor manera.

Siempre venía al momento. Pero le estaba gritando... Y no acudía a la llamada.


La vista se me nublaba, amenazando con abandonarme del todo.

Pero no iba a permitir que me ganase.

Era una batalla contra mí misma.

Seguí buscando, a gritos, entre lágrimas.

Cada vez el aire me oprimía más, estrujándome el corazón.

Me iba a caer al vacío..

Pero no podía caer. Tenía que encontrarlo.


La desesperación se apoderaba de mi cabeza.

Los matojos se me clavaban por todas partes.

Pero aún no le había encontrado.


De pronto, levanté la vista. Ahí estaba. Al otro lado de las silvas. Meneando su cola.

Corrí clavándome más las espinas. Corriendo a buscar su abrazo.

Tenía una pata enrededada. Una espinita clavada. Pero sin heridas. Aunque quizás por éso se habría retrasado.

Rompí a llorar de angustia. Dejando que saliera fuera.

Y él me consoló. Me consoló cómo sólo él sabe hacerlo.


Y todo se quedó en un susto.

Sin embargo la angustia, el dolor y los recuerdos... Me acompañaron en el camino de vuelta.


Cuándo llegamos, rompí a llorar otra vez. Y él volvió a consolarme. Dejé ir la ansiedad bajo el agua caliente. Por el desagüe.

Tenía que sacarme el mal cuerpo.

Y él estaba ahí, esperando a que tirase mis demonios fuera.

Shogūn o Ángel de la Guarda

 Cuándo llegaste, trajiste una parte de mí que había perdido.

Que ayer, creí que perdía de nuevo.

Pero no. Tú estabas ahí, esperándome y moviendo la cola. Esperando a que corriese hacia ti para consolarme en tu abrazo.


Tú, que trajiste de nuevo a mi vida ésa luz que me faltaba.

Tú, que me aguantas incluso cuándo nadie me aguanta.

Tú, que cuándo caen mis lágrimas las secas de mi cara.

Y te las llevas todas poniéndome una sonrisa a lametadas.

Tú, que sin duda fuiste a mí para que yo fuera rescatada.

Tú, que viniste para convertirte en mi ángel de la guarda.


Tú, que cambiaste todos mis miedos por fuerza.

Tú, que cambiaste mis pesadillas por sueños.

Tú, que trajiste la alegría de vuelta.

Tú, que dicen que llegaste para que yo te salvara... Eres quién me salva cada día de mis demonios internos.

Tú, eres quién me ha salvado a mí.

Tú, me has devuelto las ganas de luchar por ser feliz.