Inhaló del humo del cigarro.
Inhalando menos calor del que desprendía su cuerpo.
Estaba satisfecha.
Jadeaba.
Pero no podía dejar de sonreír.
Las mejores noches, pensó, son aquellas dónde acabas exahusto en la cama, inhalando el humo de un cigarro, piel con piel con la persona que quieres al lado.
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