lunes, 27 de mayo de 2019

Cuento número 11: Etiquetas

Las etiquetas no establecen las definiciones correctas. No porque la mayoría las tenga por correctas implica que lleguen a serlo.
Por ejemplo:

Dependencia...la mayoría de connotaciones que refieren a ésta palabra son, sin lugar a dudas, negativas.

Cuando somos jóvenes, aquí en nuestra más tierna adolescencia, sólo soñamos con la INdependecia. Cuando somos trabajadores, soñamos con un mañana en el que NO dependamos de un trabajo que nos garantice un por vivir.
Cuando nos sentimos, a causa de nuestros problemas, débiles por un momento; no queremos depender de nadie para salir adelante, queremos salir adelante SOLOS sin ayuda de nadie.

Pero nadie se ha parado a pensar todas las connotaciones positivas que ello implica. Ser dependiente no significa necesariamente ser débil, pues la grandeza no vale de nada si nadie te acompaña en el camino; y una amistad sincera se basa en apoyarse en todo.

Ser dependiente significa haber depositado tal confianza en otra persona, que se hace necesario recurrir a ésta. Y son ésos momentos los que fortalecen una relación.

Pues no en vano son las personas que conocen todo de nosotros, hasta nuestros más oscuros secretos, las que nos permiten ser libres, ser nosotros mismos.

Y es cuándo dejamos de ser nosotros mismos cuándo llega el momento en el que nos miramos al espejo, y no reconocemos a la persona que hay en el fondo.

No merece la pena reafirmar la independencia si con ello dejamos que nuestro propio ser se pierda.

Con todo ésto pretendo decir que no siempre ser independiente es bueno, y ser dependiente requiere una connotación negativa.

Pretendo decir que no vale la pena luchar por una absurda etiqueta pero sí por un ideal.

Pretendo decir que jamás renunciéis a quienes sois, que sigáis vuestro camino y luchéis por vuestras creencias, más allá de connotaciones y etiquetas; sólo por el simple placer de reconoceros en el espejo, de ser sinceros...de ser libres.

No hay comentarios:

Publicar un comentario