martes, 7 de julio de 2015

PRINCIPIO CAPITULO 1 HISTERIA



HISTERIA



Capítulo 1

Me relamí los labios, siempre hacía lo mismo después de cazar.
Chasqueé los dientes. Había disfrutado con auqel juego.
Nadie quería nunca jugar conmigo en el colegio, pero antes yo era débil. Ahora soy más listo y rápido que ellos, no pueden hacer otra cosa que jugar conmigo. Si yo quiero deben jugar.
Además jugar es divertido… a todos nos gusta jugar a algo.
Oh. ¡Sirenas!¡Sí, sí, sí! ¡Vienen a jugar!
Bueno, juguemos.
Oh, no puedo dejar esto así. Bueno, es igual son tan necios que no se darán ni cuenta de que juegan conmigo.

La luz de la luna está hermosa, todavía recuerdo aquella vez que el tío Juann me llevó a pescar y acampar al lago. La luna también estaba hermosa. Lo he hecho bien. Él está orgulloso de mí.
Además he dejado su marca en el cuerpo de la chica, bueno algo así.
Oh, estoy sucio… supongo que tendré que darme un largo baño al llegar a casa, pero eso me impedirá disfrutar de mi lectura. Y es miércoles, debo leer antes de dormir.
En fin, supongo que podría leer en la bañera, pero eso sería una incorrección, el libro estaría expuesto a una humedad excesiva.
Ag, reconozco que a veces jugar con paramecios es tedioso, te quitan demasiado tiempo. Y mi tiempo es oro. Pero lo que no saben es que yo soy el máster, y se juega según mis reglas. Pagarán por mi pérdida de tiempo…
-¡Belcebú! Oh mi querido gatito… ¿cómo estás endemoniado? Sí, ahora te echo de comer pequeño…¿sabes lo que ha hecho papi hoy? ¿Quieres que te lo cuente? Oh ¿sí? Perfecto señor mío, pues verá…
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-Bip Bip Bip Bip
_Riiiiiiingggg riiiiiingggg riiiiingggg

Como siempre, el detective Gómez llega tarde a coger el teléfono.
El busca tampoco es que haya parado de sonar en toda la noche.
Se encoge de hombros. Ya sonará de nuevo.
Lo primero es la cafeína, y el humo, no puede faltar el humo de su cigarro.
El teléfono vuelve a sonar.
“Ahora no”- piensa el detective- “es la hora de mi café, y hace 20 años que nadie puede interrumpirlo ya”
Con parsimonia, pero sin pausa, el detective termina su café.
Entonces vuelve a sonar el teléfono.
-¿Diga?
Cuelga. Corre. De repente le entran las prisas.
Todas las luces quedan encendidas con la casa vacía, en el hall ya sólo queda el sonido del coche del detective alejándose en la oscuridad de las altas horas de la madrugada.
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<-"Gotita... gotita... gotita... gotita..."- oía en el fondo de mi mente.
De pronto, de nuevo el acero. Era consciente de nuevo, contaba las gotas de mi sangre ,que emanaban una a una de mis ojos arrancados.
El acero se acercó a mi muñeca y fue apretándose, rozando mi piel con su hiriente frialdad.
Dolía.
¿Más que sentido tenía gritar ya? Estaba muerta.
Pero grité.
Uno de mis dedos cayó al suelo.
Grité todavía más fuerte.
Dolor agudo.
Con un clack que me estremeció y perfectamente audible en el silencio ahogado entre mis gritos, otro dedo cayó al suelo.
Uno detrás de otro.
Torrentes de sangre goteando en el suelo al son de mis gritos.
Luego la muñeca…
Chillé en medio de la negrura hasta que volví a ver aquellos dos ojos.
Estaba muerta.>
-Micky no pienso hacer eso, yo tengo una reputación que mantener. – gritó la joven rubia de forma escandalosa al leer las últimas hojas del guión.
- Primero Natalia…
-Naty- le interrumpió ésta.
- Sí , sí… ahora que eres actriz necesitas tu nombre más cool, lo sé, lo sé perdona… - dijo con tono burlón pensando en que la chica, dada su talla, pretendía aspirar a más de lo que hoy en día busca la televisión. “Natalia no es precisamente una tía con cuerpo de modelo, no sé a dónde pretende llegar con ésos aires de estrella… pero bueno, a mí me viene bien para el corto de fin de curso, mi profesor de imagen va a flipar…”.- pero yo querida amiga quiero que me sigas llamando Miguel. Y en cuánto a lo del guión… es mi guión.
- Oh, vamos… tú sólo eres el friki de clase. Yo sé lo que tri..
- Shhhh!!! Calla, mira. –l e dio volumen al televisor.
-“…. Ésta mañana las autoridades nos han hecho llegar información de un espantoso crimen cometido anoche.
Al parecer las autoridades locales recibieron una llamada anónima alertando de que se iba a cometer un macabro crimen en pocas semanas. El jefe de la comisaría afirma que se avisó en el momento al resto de comisarías vecinas y se extremó la seguridad en un porcentaje estimable aún creyendo que se trataba de una broma.
Anoche recibieron otra llamada con la siguiente grabación de la que parece ser la voz de la víctima en plena enajenación mental:
<gotita … gotita.. gotita… ¡Cállate! Dios, Buda, lo que sea.. por favor tengo que salir de aquí… gotita, gotita, gotita… >
Tras eso la policía recibió una segunda llamada diciendo que la joven ya no estarían cuándo llegaran.
Rastreando la llamada se supo que la joven se hallaba en una pequeña caverna de las restringidas a los visitantes de las cuevas del Drach en Mallorca.
Cuándo la policía llegó, no encontró nada más que la mano derecha que según el informe forense cedido por la comisaría, corresponde a una chica llamada Noemí Fernández. Al parecer se trata de una joven striper, por lo que la policía piensa que pudo ser asesinada por su proxeneta o algún cliente, sin embargo se preguntan porqué no ha aparecido el resto del cuerpo de la chica.
Por ahora la policía no posee más información…>
-       ¿Qué lista, ves cómo triunfaré?- añadió él.
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Habían transcurrido ya 52 horas desde que habían encontrado el cuerpo de la susodicha Noemi Fernandez, y el único motivo que habían esclarecido por ahora para el crimen era que Naomi Pole, como se hacía llamar en el club, era prostituta.
La escena del crimen estaba limpia, el asesino había sido muy metódico. Había dejado exactamente las pruebas que había querido dejar.
El inspector Gómez encendió otro cigarro. Inhaló el humo, sintiendo como la profunda calada bajaba lentamente por su garganta hasta los pulmones. Su cuerpo se relajaba, pero su tensión seguía a punto de estallar. No podría seguir sobreviviendo a aquello sin dormir y encima sin cafeína. Tenía que satisfacer una de las dos cosas.
Tranquilamente y sin decir palabra se alejó del grupo de forenses y detectives que inspeccionaban sin descanso cada milímetro de la escena.
Aquello era asqueroso, pero como inspector no le quedaba más remedio que presenciar dichas asquerosidades, sin embargo… por una pequeña ausencia, justificada, nadie se daría cuenta de su falta.
Pero se dieron. Su ayudante, Cristobal Mendez, corrió tras sus pasos.
Tino Gómez tiró su pitillo al suelo. Se detuvo a pisarlo y dio media vuelta. Una vez más su ayudante venía con sus urgentes molestias.
-¡ Inspector, inspector! No puede irse todavía, los forenses acaban de confirmar que ésta ha muerto cómo las otras dos.
- O sea que podríamos decir que es un asesino de rameras.
- no creo que eso sea así del todo señor… verá hemos encontrado una marca en el cuerpo de la chica. A penas era visible, sin embargo Molinas ha sido capaz de detectarla. Tras eso llamamos al laboratorio, las otras dos chicas presentan la misma marca, dibujada exactamente igual y creen que con el mismo método. Los especialistas están buscando similitudes con la marca en simbología, teología o algo similar.
- así que hemos pasado de un pirado cualquiera a un pirado fanático. Gran cambio. Me voy a por mi café.
- Jefe, creo que no entiende la importancia de éste caso. Hace años que no se da un caso de un asesino en serie, y está en sus manos, no puede quedarse cruzado de brazos.
-Lo que no puedo es vivir sin mi café Cristobal, así que voy a tomarmelo. Llamame si hay novedades.






 CONTINUARÁ EL CAPÍTULO 1.












[<N.A. : Espero que os haya gustado el capítulo, seguiré con él dependiendo de vuestros comentarios.Gracias por vuestro tiempo.
Att- R. Lírica]

viernes, 9 de enero de 2015

HISTERIA - prologo

PRÓLOGO


Corría.
Las gotas de lluvia reflejaban los relámpagos que se dibujaban entre las fachadas de los edificios cubiertas bajo el manto de la noche.
No tenía ni idea de hacia dónde se dirigían mis pasos. Corría sin rumbo. Había tanta niebla que no podía ver nada. Pero seguí avanzando.
Los latidos acelerados de mi corazón marcaban el ritmo de mis pasos.

Distinguí entre la niebla lo que simulaba ser la silueta de unos columpios. ¿Estaría en un parque?
No tenía tiempo para comprobarlo, seguía oyendo ésa apremiante rasgazón tras mis pasos.
"¡Corre!"- gritó una voz de alarma en mi cabeza.
Corrí, de nuevo, sin saber hacia dónde.
Las lágrimas a penas se notaban en mis mejillas con las gotas de lluvia que caían en mi cara, repiqueteaban en los charcos del suelo, los cristales de las ventanas, de los coches...
Caí.
Había algo...blando...viscoso, bajo mis piés. El ruído se aproximaba y mi instinto gritaba, cada vez más alto, que saliese corriendo de allí.
La niebla se hacia más y más densa a medida que yo trataba de incorporarme escapando de aquella viscosa substancia... comenzaron a hacerse audibles unos crujidos a mi alrededor que hacían que mi cuerpo se estremeciera con cada uno.
No sé si por la adrenalina del miedo, o por éste mismo, pero conseguí despegarme del suelo. Me incorporé, y de repente, la lluvia cesó.
Se hizo el silencio. El silencio lo envolvió absolutamente todo.
Y con ello, creció mi malestar en el cuerpo. Miedo. Parálisis.
Y de pronto, un escalofrío recorrió mi cuerpo, de piés a cabeza, dejándome un sabor metálico en la boca.
-"Gotita...gotita...gotita..."- me parecía oír en mi propia quietud envuelta en aquel extraño silencio.
Un crujido.
Dos ojos.
Una mirada: muerte.






De repente vi la luna, dibujando su luz entre las pequeñas rendijas que entreabrían las nubes. Sin embargo... sentía mis ojos cerrados, ¿cómo entonces podía ver la luna?
Juraría que fue en ése preciso instante de inconsciente incoherencia en el que recuperé mi consciente coherente.
Comencé a oír un pitido, como el de un camión al dar marcha atrás. Sólo que éste pitido me perforaba el tímpano como queriendo decir algo.
Entonces lo oí.
- "Gotitagotitagotitagotitagotitagotitagotitagotita..." - susurrando en el fondo de mi ser cada vez más profundo. Y así, los susurros se hicieron dagas.
Sin quererlo, empecé a gritar de terror.
Los "susurros" perforaban mi mente peor que si fueran taladros. Eran gritos que cortaban, aullidos que arañaban hasta el interior, chillidos que me agujereaban y escuadriñaban hasta lo más profundo de mi mente...
Silencio.
Ya no había dolor, sólo quietud.
Silencio.
Y entonces, miedo. Y ésos dos ojos rojos, empapados en sangre y entrecerrados escribiendo una única palabra: muerte.
Grité. Me removí cuánto pude, pero no me moví ni un ápice del sitio.
Entonces lo sentí.
El frío acero contra mi piel, rozando contra mis mejillas.
Traté de chillar sin conseguir emitir sonido alguno. También fallaban mis intentos de volver a abrir los ojos.
Mi cuerpo no respondía ante las órdenes de mi mente, tan sólo respondía estremeciéndose al estímulo del frío acero.
Miedo.
Supliqué en el interior de mi mente, rogando a todos los dioses que conocía. Tan sólo me quedaba rogar, con la esperanza de que existiese un cielo, un Hades, un valhalla... lo que fuera.


Todo cesó.
Mi cuerpo poco a poco comenzaba a responder.
Ya no notaba dolor, ni el frío del acero o el gélido aliento que lo acompañaba.
Me atreví a abrir un ojo. Nada.
Aspiré, el hedor a muerte también había desaparecido junto a aquella gélida mirada.
Traté de incorporarme, pero estaba encadenada a una especie de catre en el que me hallaba tumbada.
Junto a mi mano izquierda cayó una pluma, negra como el azabache. Intenté cogerla, pero en cuánto mis dedos la rozaron, ésta se deshizo en cenizas.
-"¡Ah!"- otra pluma cayó cortando mi mejilla derecha.
Miré el techo. Miles, millones, billones de plumas negras cayendo sobre mí, dispuestas a cortarme en pedazos.
Cerré los ojos. Ya no iba a suplicar. Aquello ya era el infierno.
Esperé mi humillante, doloroso e incierto final.



-"Gotita... gotita... gotita... gotita..."- oía en el fondo de mi mente.
Ya no tenía miedo de aquel susurro; pues comenzaba a creer, en mi creciente locura, que era producto de mi mente que contaba, de forma inconsciente, las gotas que caían sobre mi cuerpo.
Tal vez fuera un sueño.
Abrí los ojos, pero no desperté.
Ya no me hallaba en aquel catre mugriento.
No veía nada. No oía nada más que mi mente contando las gotas que caían en mi cuerpo.
Tan sólo notaba la dureza y frialdad de la pared en mi espalda.
Ya no estaba atada.
Podía incorporarme y escapar de aquel olor a putrefacción.
Intenté incorporarme con un resultado nulo, así que me arrastré como pude en busca de una salida. Es decir, me dirigí a rastras hacia la ligera corriente de aire que llegaba hasta mí.
 Caían plumas del techo deshaciéndose en mil cenizas en su caída.
Las gotas seguían cayendo al ritmo al que las plumas se deshacían, al ritmo que mis extremidades palpitaban del esfuerzo de arrastrarse.
Cada vez me sentía más exhausta y mareada, asqueada por el creciente hedor. A penas era capaz de aguantar las naúseas.
Decidí parar mi arrastre y ponerme boca arriba con la intención de tratar de evitar las naúseas.
Pero seguía jadeante, tanto por el esfuerzo como por el nauseabundo olor.
Intenté acompasar mi respiración, inhalando y exhalando suavemente... una gota cayó en mi boca. Estaba dulce... y caliente.
Asqueada, proseguí mi camino con las gotas y las plumas cayendo a mi paso. Cada vez me dolían más los músculos.
Empezaba a decaer mi ánimo de supervivencia.
Entonces, al fondo de mi camino se distinguió una luz tenue de color violeta.
Tenía que llegar a ella.
Ignoré que cada movimiento me entumecía, desgastaba y lesionaba un poco más, y me dirigí con ahínco hacia la luz.
Llegué, exhausta,malherida y jadeante a las puertas de mi destino.
Ahora veía dónde me hallaba gracias a la penumbrosa luz violeta que iluminaba excasamente alrededor.
Estaba en una gruta, lisa y húmeda. Miré a mi alrededor y tuve que contener un grito.
Cientos de cuerpos muertos y putrefactos se encontraban por toda la gruta: encadenados, despedazados, magullados... entre las cenizas de las plumas que se deshacían en el aire, y las gotas que caían del techo.
Me acerqué a la zona más clara de la sala, intentando comprobar qué eran aquellas gotas.
Los susurros hacía rato que se habían apagado.
Pero conforme avanzaba a rastras hacia la claridad, se comenzaba a oír, de forma cada vez más perceptible, un rasgar acompañado de un extraño crujido.
Llegué la zona clara, ahora veía lo que eran con claridad...sangre.
Empezaba a perder la consciencia, mareada por el duro choque de la realidad.
Caí al suelo, semiinconsciente, dejándome envolver poco a poco por la negrura.
Pero antes de rendirme a ella, los vi.
Aquellos dos ojos con su mensaje escrito "ESTÁS MUERTA"
Y me quedé inconsciente. Me rendí a la oscuridad.



Desperté sumida en un haz de luz.
No era aquella luz violeta, era dorada cuál fulgor de un tesoro pirata.
¿Dónde estaba?
Me incorporé con sumo cuidado pensando que cualquier movimiento exharcervado podría romperme en mil pedazos; sin embargo, comprobé para mis asombros, que no me dolía nada.
Tenía que estar muerta. Éso debía ser sin duda alguna.
Fuí hacia la luz. Al fin y al cabo, éso era lo que se suponía que había que hacer, ¿no?
-"Ven"- sonó en mi mente.
Caminé, sin miedo. Más tranquila y segura de lo que había estado en toda mi vida.
Y le vi.
El rostro más hermoso que había visto nunca.
El cuerpo más perfecto que un anciano podría tener, esculpido cómo el de un adolescente.
La mirada... la mirada más bella y profunda que había podido alguna vez contemplar. Escondía el paraíso, la eternidad y la felicidad en ella.
Y todo envuelto en un haz de luz dorado.
Entonces... un cruce de miradas. Una sonrisa. Un movimiento. Su dedo corazón en mi frente. Un gesto. Luz.




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Hasta aquí el prólogo de Histeria.
Espero que os haya gustado.
Con cariño,
          N.

HISTERIA

Bueno a partir de ahora he decidido seguir con la novela empezada por ganar un concurso de relatos cortos con la introducción.
Vamos a ver como va saliendo el invento.
En los próximos post os iré dejando los capítulos, y en el siguiente empezamos con la introducción.
Bueno... espero que os guste :)


att.

N.