El amor es, a veces (y con perdón de la palabra), muy 'puta'.
Y no lo digo por la forma en la que tiene de tratarnos, si no por la forma en que nosotros lo tratamos a él.
A veces, vendemos nuestro amor al mejor postor con tal de no sentirnos sólos, o tal vez... porque tenemos miedo de enfrentarnos a nosotros mismos.
A veces, compramos el amor. Porque no sabemos bien qué hacer con él, o simplemente porque no sabemos ganarnoslo.
A veces incluso lo usamos como arma para chantajear o atar a otra persona.
Otras veces, lo regalamos. Desperdiciándolo con quién no merece la pena.
Otras simplemente lo tiramos, pensando que no vale nada cuándo vale tanto como el tiempo.
Pero casi siempre, casi siempre le tratamos así porque somos incapaces de hacer otra cosa que no sea sucumbir. Sucumbir a ésos escasos momentos de placer y de felicidad. Como si en ello se fuera todo, callando lo que en realidad queremos decir para sentir amor y felicidad.
Como si los besos y las caricias fueran suficientes para paliar los secretos que guarda el silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario