<<Por fin se sentía libre, por fin podía volar.
Podía reír, podía llorar, gritar, quedarse en silencio pero con libertad.
Ya nadie le decía por dónde podía volar.
Ya nadie le obligaba a apartar de su vida a nadie más.
Ya no había cadenas, ya no había ataduras.
Su sonrisa ya no era fingida.
Sus lágrimas ya sólo eran por ella misma.
Ya nadie podía encerrarla.
Ella era su propia alegría. >>
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Cuento número 23
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#N.
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