<<Cuánto más lo pensaba, más se daba cuenta de que aquello estaba fuera de su control. No podía evitar el temblor de piernas cada vez que se veían. No podía evitar que le salieran las lágrimas cada vez que le recordaba. No podía evitar la respiración agitada que iba unida a sus pesadillas.
No podía evitarlo. Lo intentaba, con todas sus fuerzas a veces, pero no podía.
Cada vez que salía el tema de conversación tenía que respirar profundo para no romper a llorar. Cada pesadilla eran miles de jadeos tratando de parar de hiperventilar. Gritos ahogados conteniendo el dolor del pecho provocado por la ansiedad.
Una vez más se levantó entre sudores fríos, ríos salados en sus mejillas y gritos de horror.
Otra pesadilla.
No podía evitar caer. Lo sabía.
Pero podía evitar hundirse por la caída.
Se levantó, cogió su ropa y su mejor sonrisa. Salió a la calle. No pensaba dejar que le afectase, no más allá del momento. Había aprendido, había conseguido sobrevivir a aquello.
Pasara lo que pasara no iba a hundirse de nuevo por ello. Iba a ser feliz. >>
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Cuento 909
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#N.
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