lunes, 8 de junio de 2020

Cuento número 74: 2103

-Y dígame princesa, teniendo mil razones para mostrar ésa hermosa sonrisa que cubre vuestro rostro, ¿por qué escogéis ensuciar la belleza de vuestros ojos en una sola razón capaz de sacaros ésas feas lágrimas saladas?
-Pues porque me han roto el corazón en mil pedazos. Ya no soy capaz de encontrar ése pensamiento alegre capaz de hacerme volar hasta el amanecer.
-Vuestro pensamiento alegre es cualquiera de ésas mil razones, princesa. Sólo cerrad los ojos y entre los pedazos, hayaréis un mínimo de alegría. Un pensamiento alegre que demuestre que el corazón aún funciona, pues el derramar lágrimas sólo está permitido cuándo cada una es por cada pensamiento alegre.
Ella cerró los ojos, y entonces recordó. Su pensamiento alegre. No era otro si no su motivo para salir con la cabeza alta cada mañana.

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