A veces la vida agota.
Es el tiempo, el trabajo, la vida social, la vida en casa... Simplemente la rutina. Agota.
Lo peor es llegar a casa, con menos ganas aún de las que vas a trabajar, porque sabes que al llegar te vas a hundir en la depresión y la tristeza.
Sabes que no te apetece estar ahí, pero tampoco tienes fuerzas ni ánimo de hacer nada.
Estás atascado, entre la huida y la rutina.
Sin saber qué hacer. Por dónde ir. Cuál es el mejor camino.
Pero a la vez... No quieres estar ahí,quieto, en pausa, inerte... En medio de la monotonía.
Y entonces te angustias. Te descentras.
Ya no sabes qué quieres ni por qué.
Sólo sabes que no estás a gusto.
Pero tampoco sabes qué hacer para mejorarlo.
Y así, poco a poco, te hundes en tu propia vorágine de incertidumbre y descontento.
Te ahogas.
Y sin embargo sigues respirando, sin aire, sin pensamientos claros.
Te has agotado.
Porque, a veces, la vida agota.
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