A veces, hay momentos en la vida en los que nos encontramos perdidos. Sin saber muy bien qué hacer. Por dónde ir. Cómo encontrarnos de nuevo.
A veces, sin saber cómo, seguimos caminando. Exhaustos, medio idos. Cómo si observásemos nuestros pasos desde lejos.
Sin poder detenerlos. Sin poder dirigirlos.
A veces, simplemente andamos. Sin rumbo. Sin camino. Pero siempre hacia delante.
La cabeza gacha, la mente ausente. Pero caminando con un ritmo constante. Sin pausa.
Porque la vida no se detiene. El libro aún no se acaba.
Sigues escribiendo, caminando.
Porque, ocurra lo que ocurra, el reloj sigue girando.
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