Diarios de
un Fugitivo Nocturno: Primero mueven blancas.
Capítulo
1- Coincidencias.
“Bip-bip-bip-bip, bip-bip-bip-bip, bip-bip-bip-bip…”
<¡Maldito despertador!>- pensé. Ya eran las diez,
la luna brillaba en el cielo.
Hacía una noche estupenda para ser finales de Diciembre.
< En tan sólo unos días empezarán las vacaciones de
Navidad y Carlisle vendrá Múnich a verme> me dije. En comparación a dónde me
crié en Londres, mi casa victoriana no era nada, pero al menos estaba a las
afueras de la ciudad, lo cual permitía que tuviese la libertad que tanto
ansiaba. Además a Carlisle también le gustaba salir de la ciudad de vez en
cuando. La verdad, es que todavía no llegaba a comprender cómo podía seguir
residiendo en la casa familiar.
Cierto es que las modernizaciones y las gestiones de las
antiguas empresas de mi padre nos permitían a Carlisle y a mí mantener un nivel
económico tan desorbitado que podíamos permitirnos vivir gastando en caprichos,
pero encapricharse de una antigua casa que necesita constantes reparos me
parece ostentoso.
No es que si vendiésemos o careciésemos de las empresas
de mi familia nos hubiéramos arruinado, Carlisle podría vivir perfectamente de
su labor cómo reputado historiador; y Amma y yo de mis galerías de artes (que
me concedían altos ingresos), de los libros que iba publicando de vez en cuando
y de mi labor en la Sinfónica de Múnich.
La verdad es que si algún día me plantease procrear…
podría hacer una gran familia sin ver afectado mi presupuesto, pero creo que
Amma sí se vería mentalmente afectada. No creo que diera abasto con una casa
tan llena de gente, y yo no concebiría mi vida sin ella. Llevábamos tanto
tiempo juntas…había hecho de Amma, mi compañera. No era nada romántico ni
sexual. Necesitaba a Amma para todo. Desde que vi cómo Carlisle cambiaba mi
vida, tuve la necesidad de cambiar la de Amma con la mía.
Aquélla señora regordeta, bajita y con una cara de pan
adornada por mechones rizos y grisáceos que le tapaban a veces ésos ojos color
miel, era mía. Y así iba a ser para siempre. Por ahora Mary Anne Mckenzie, que
así se llamaba en realidad, sólo era mi necesaria, útil y apreciada compañera.
Y ésta misma fue la que interrumpió mis pensamientos llamando a la puerta.
-
Dime Amma.
-
Buenas noches señorita Sarah, le hago saber
que el señor Wagner ha llamado hará media hora.
-
¿Era urgente?
-
No lo creo señorita, de lo contrario hubiera
mandado que la despertase. Sin embargo el señor consideró que era lo
suficientemente importante como para dejarle un recado. Dijo que le llamase de
inmediato ya que el asunto sólo podría tratarlo con usted. Aunque cómo siempre,
tuvo el tiempo y la amabilidad de preguntar cómo estábamos todos y qué planes
teníamos para éstas navidades. Dijo que él se oponía rotundamente a …
-
Ya lo discutiremos Amma, gracias. ¿Podrías
preparar el coche? Quiero ir al club.
-
Señorita Sarah, el coche sigue en el taller.
-
Bien, pues llama a un taxi. Lo quiero aquí en
media hora, voy a vestirme.
Tan sólo unos minutos después, ya había
peinado mi larga melena negra con la ralla al medio y unas ondulaciones en los
mechones superiores y las puntas. Me había maquillado mi piel traslúcida, mis
rosados labios carnosos y mis grandes ojos azules de forma superficial. Me
había enfundado, para lucir mi perfecto y ardiente físico, en un corto vestido
negro con escote de corazón a juego con las medias y las largas botas de tacón
de aguja del mismo color.
Tras considerarme preparada, llamé a
Amma para que me alimentara (<Menos mal que ella también es bajita >
recuerdo que era un pensamiento que me venía a menudo en aquél momento), y me
dispuse a localizar a Carlisle.
Lo llegué a llamar al menos veinte veces
antes de que llegara el taxi, pero no hubo respuesta.
En fin, ya me llamaría él cuándo lo
considerase oportuno. En éste momento, yo , tenía cosas mejores que hacer.
Me subí al taxi y sin mirar tan si
quiera a aquél apestoso conductor, le indiqué la dirección y le insté a darse
la mayor prisa posible.
De camino me sonó el móvil, era un
número privado. No solía coger los números privados, pero dada las pocas y
privilegiadas almas que tienen mi móvil personal y la insistencia de las
llamadas, a la quinta llamada cogí el teléfono presuponiendo que sólo podía
tratarse de una persona.
-¿Diga?
-¿Sarah?-sonó una voz muy entrecortada
que no llegué a reconocer entre las interferencias.
- ¿Quién es?
- Soy yo, Sarah.
- Oh, hola, ¿qué tal?
- No hay tiempo, llamo por Carlisle.
- ¿Qué ocurre?
-
Mira, no responde. Me dijiste que te avisara si ocurría cualquier cosa,
que no te mantuviese al margen. Así que… no sé si él tenía pensado viajar hoy a
Múnich o te lo iba a encargar a ti; pero necesito que alguien me asegure que va
a ir.
-¿Que va a ir a dónde?
- No tengo tiempo ni por qué explicarte
nada, sin embargo lo haré. Pero ahora sin preguntas.
- De acuerdo.
- Alguien debe reunirse con el señor Fénix
hoy.
- ¿El primogénito de vuestro amigo Frank
Jhonson?
- He dicho que sin preguntas niñata
insolente, pero así es.- hizo una breve pausa y suspiró antes de continuar-
Debes verte con él hoy a las once en el club Shazam, con suerte Carlisle
también asistirá.
Colgó.
-
Rumbo a la plaza del Ángel.- le dije al
taxista.
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Cuando llegué a aquél tugurio de mala
muerte, no percibí ni rastro de Carlisle, y no tenía ni idea de qué aspecto
tendría el señor Fénix.
-
¿Sarah? – me giré. Era un hombre que
aparentaba cercano, o ya entrado, a la treintena; alto, corpulento y musculado,
demasiado musculado en mi opinión. Tenía los ojos verdes y el pelo negro,
cortado sin más dejando sus pelos rebeldes caer allí dónde querían. También
llevaba barba de dos días y una perilla peinada igual que su pelo. Era un
desaliñado, un desarrapado, un pordiosero. Me daba náuseas mirarlo. Vestía unos
vaqueros rotos, viejos y desgastados, unos tenis que daba pena mirar y una
camiseta negra de manga corta tan ceñida que podría pasar perfectamente dentro
de un club de alterne.- Soy Markus, Markus Fénix.- le dirigí una mirada asesina
antes de responderle.
-
Primero, para usted soy la señorita Darling.
Segundo, ¿qué clase de forma de presentarse ante una dama es ésta? – dije
mirándole descaradamente de arriba a abajo.
-
Eeemm… sí, claro. ¿Qué tal si nos sentamos y
vamos al grano, eh guapa?
-
Por favor, guárdese sus absurdos piropos y
sus burdas maneras de encandilar para otra. Estoy aquí para saber qué es lo que
quiere exactamente de mí señor Fénix. Quiero saber para qué quería una cita con
el patriarca de mi familia.
-
Quiero que invirtáis en mí.
-
¿Acaso es una broma?
-
No, quiero que me financiéis un arma que ha
llegado a mi conocimiento que existe. Dicen que es la posibilidad de aniquilar
fácilmente a uno de los nuestros. Rápido, sencillo y eficaz. Por eso es tan
jodidamente cara.
-
Repito, por favor tenga modales. Está ante
una dama.
-
Bueno, el caso es que necesito que me compres
el arma, bonita. No sabes la cantidad de gilipollas que tengo en el punto de
mira…
-
¡Oh, Arkatas…! Os dejáis llevar demasiado
fácilmente por vuestro ímpetu. ¿Qué podría obtener yo de esto? Que nuestros
“padres” sean amigos, no implica que yo pueda hacerte favores gratis. Soy
hermosa, no un paramecio.
Me levanté y me alejé de la mesa con
predisposición a salir de aquel antro de mala muerte, a poder ser sin que nadie
me tocase o se me acercase demasiado. Iba tan pendiente de evitar que algún
estúpido manchase mi vestido, que casi no me doy cuenta de que el móvil estaba
sonando. Cogí por inercia, sin pensar, ya que estaba más concentrada en salir
de allí y en el hilo de mis pensamientos.
-¿Señorita Darling?
- ¿Quién es?
- Me llamo Andrea Apardha, y quiero hacerle
saber que su querido Carlisle está aquí conmigo. Tengo intención de hacerle
todo el daño que pueda si se niega a mi petición, así que antes de hacerle mi
oferta, quiero que sepa a qué se expone.
-Le escucho.
- Solamente quiero que vuelva usted a su
querida Florencia. Creo que es una petición muy fácil y razonable por mantener
la seguridad de alguien que le importa ¿no está de acuerdo conmigo?
- Totalmente.
-Tiene una semana antes de que empiece a
divertirme señorita Darling.
Colgó el teléfono.
<¿Ir a Florencia? ¿Sin
protección?>
Volví en dirección opuesta y dispuesta a
entrar de nuevo en aquél apestoso bar en busca del señor Fénix.
Pero me crucé de bruces con él en la
puerta. Él, al verme, colgó a la persona con la que estaba hablando por el
móvil.
-
¿Otra vez aquí, muñeca?
-
¿Qué clase de falta de respeto es ésa?
-
Oh, vamos no te hagas la dura. Sé que has
vuelto porque te gusto. ¡Mira, si te has puesto roja y todo!
-
¿Gustarme? ¿Tú a mí? ¡Por favor, si eres un
sucio ordinario! Antes besaría a un repugnante insecto.
-
Sí, un sucio ordinario al que quieres
tirarte.
-
¡Oh, por favor! ¡Olvídeme!
-
Cómo quieras culito sexy, ya volverás.
-
¿Perdona? – le miré, no sin antes usar mis
dones, de forma que no pudiera volver a abrir la boca. – No oses volver a
faltarme al respeto.- le siseé.
Me di media vuelta y me fui. Pero otra
vez, el señor Fénix corrió para ponerse en medio.
-
¿Qué quiere ahora, impertinente?
-
Necesito tu ayuda, Sarita.
-
Pues si necesita mi ayuda, deje de llamarme
‘Sarita’ y tráteme con respeto. No olvide que soy una dama.
-
Cómo quieras, ya caerás. Pero deja de
hablarme de usted, no me pone nada.
-
¿Perdone?
-
Nada, nada.
-
Señor Fénix, si quiere continuar hablando
conmigo, me temo que tendrá que ser en otro lugar. No me gustan los sitios con
olor a orina. Así que si quiere hablar de lo que usted necesita, salgamos de
aquí.
-
Perfecto, total si vas a ayudarme que más me
da a mí dónde…
-
Todavía no he dicho que sí- sonreí.
-
¡Dios mío! ¿Éso ha sido una risita? – lo miré
mal. – Venga, en serio, tengo que ir Florencia y cargarme a unos cuántos
bastardos. Me reuní contigo porque pensé que me llevarías con Carlisle y que él
me ayudaría.
-
¿Por qué iba a ayudarte?- pregunté una vez
nos alejamos de la entrada de aquél horrible bar.
-
Johnson ha desaparecido. Necesito ir a
Florencia porque los hijos de puta de los Apardha le tienen allí retenido.
Mira lo he intentado, ¿vale? Pero no he podido conseguir ni los billetes, ni
contactos, ni reservas de alimento…¡Nada! De verdad necesito que Carlisle me
ayude.
-
Carlisle no va a venir por aquí. Tiene
previsto un viaje a Tanzania por motivos laborales – mentí.
-
¡Mierda!
-
No te precipites tanto, Arkata, da la casualidad
de que yo voy a viajar a Florencia ésta semana.
-
¿Me ayudarás?
-
Depende de lo que me cuentes y de si me
resultarás útil.
Descubrí que Markus había intentado
robar sangre del hospital, e incluso comprar un par de ésos corazones del
mercado negro que dicen que viene bañados en la sangre de su propio dueño.
También descubrí que había logrado
localizar a alguien que podía ayudarnos a saber por qué los Apardha
querían a nuestros Creadores. Tal vez ése tal Roxan sabría decirnos
cómo traerlos de vuelta sanos y salvos.
Tras escuchar su historia, y una pequeña
diferencia de opiniones, Markus y yo acordamos que yo lo ayudaría en el asunto
con Frank Johnson y él me ayudaría a mí en mi intención de vigilar a los Apardha
en cierta exposición que la hermana de Andrea tenía preparada, entre
otras cosas.
Así que colaboraríamos por el momento y
, a lo que él respectaba, por la amistad existente entre Frank y Carlisle.
********************************************************
Finalmente nos encontrábamos frente a
las puertas de Wizardmon’s , un club pijo y selectivo de la ciudad. Allí dentro
se suponía que estaba nuestro hombre.
Una vez entramos y le encontramos, él ya
nos estaba esperando.
Era un hombre extravagante cuánto menos.
Lucía una media melena rubia cobriza, lisa y perfectamente peinada bajo el
pañuelo negro que adornaba su cabeza por debajo de un sombrero púrpura de pico.
También vestía una larga túnica del mismo tono que cerraba abotonada tapando su
cara justo por encima de la punta de la nariz. Dejando entrever únicamente sus
ojos de color verde esmeralda.
La verdad es que no entendía por qué no
llamaba la atención de la gente que estaba a su alrededor, parecía un personaje
sacado del Señor de Los Anillos. Llevaba báculo y todo. Y a no ser que estés en
una comiccon (lo cuál en mi opinión es de patéticos) está totalmente fuera de
lugar el complemento.
Me esforcé en percibir su aura. Era, sin
duda alguna un Jipasi. Rastreros y sucios mentirosos. En circunstancias
normales, una dama cómo yo ni si quiera miraría a uno de su calaña. Sin embargo
le necesitaba para ayudar a mi Creador. Era un caso de extrema emergencia.
Aunque por otra parte, no sabía cuánto
tiempo podría aguantar la sonrisa de suficiencia de aquél tipo al mirarme.
<Contrólate> me dije.
<Dependemos de éste tío>
-¡Hooooolaaaa, hoooolaaaaa!- dijo cuándo
ya estábamos delante de su mesa.- Pero bueeeenooo… ¿qué tenemos aquí? Si es
Sarah Ángela Darling.
-¿Quién es usted? Yo no tengo el placer
de conocerle tanto.
- Oh, yo. Sólo soy un alma perdida y
meditabunda en medio del caos. Un duende de caótica perversión en medio de un
mundo pecaminoso, impío. Soy el pecado en medio de un mundo de austeros. Yo,
amiga mía soy Roxan, Roxan el Titiritero. Un humilde servidor a vuestros
hermosos piés, bella dama.- Hizo una dramática reverencia a mis piés, y luego
prosiguió su monólogo.- Yo, quién maneja los secretos de la magia, yo quién
puede crear perfectas ilusiones, yo quién gracias a su don desenterró horribles
secretos. Yo soy quién va a contrataros.
- ¿Disculpe?
-Te perdono por tener dos hermosos
dones. Pero sí, has oído bien. Voy a contrataros. Y yo he oído que debéis ir a
territorio Apardha. Y yo digamos que… tengo cierto… llamémosle interés, en
eliminar a Andrea.
Además, todos sabemos que queréis a
vuestros Creadores. Acabaréis accediendo antes o después.
Entre tanto… tomad, los billetes. Son un
obsequio. Igual que éstas entradas para la exposición de la hermana del cabrón
de Andrea.
-
Aquí hay tres.
-
Muy observador musculitos.- sus ojos verdes
se iluminaron. Parecía terriblemente atractivo pese a no dejar que se le viera
toda la cara.- Es por si queréis invitar a alguien. –Sonrió pícaramente.- Dicho
esto ¡fuera! Salís mañana por la noche.
Al salir, nos llegó un mensaje de Roxan. “Un último
regalo para evitar que me falléis. Me he encargado de conseguiros reservas
alimenticias. Podréis recogerlas a las once en el almacén abandonado de la
dirección que enviaré al teléfono de Markus. Buena suerte Chiquillos”
Acordamos que Markus sería el encargado de ir a por las
reservas mientras yo preparaba lo necesario para el viaje y recaudaba cierta
información sobre Andrea y su familia.
Nos encontraríamos a las diez y media de la noche
siguiente en mi casa. Y teníamos solo tres horas antes del amanecer. El tiempo
se escapaba.
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