martes, 25 de diciembre de 2018

Carta número 1: Sed de ti.


Un ligero batir de alas sentido en el estómago. 
Aquella necesidad de él era incontrolable. Tenía sed de él. 
Aunque realmente no sabía a dónde iba todo aquéllo... Quería dejarse ir a él. 
Una vez más empezó ése inocente juego de cosquillas, dónde se llenaban uno a otro de sonrisas y caricias disfrazadas. Y entonces se miraron, por un efímero instante se paró el mundo, sus miradas se cruzaban a cámara lenta, sus labios fueron involuntariamente al encuentro de los de él. Y se besaron, despacio, saboreándose, acariciándose con su aliento. 
Y la calma se volvió urgencia. 
Se empezaron a acariciar, a fundirse uno en el otro. Se besaban, se rasgaban uno a otro la espalda, pidiendo que el otro se pegase más. Parecía que si se separaban se morían. 
La urgencia de los besos hizo un silencio en el ambiente, decorado por los jadeos entrecortados. 
Cuánto más pegados estaban, más deseaba ella no separarse,y encima él era sólo suyo.  Le quería,ella era suya,sólo suya. 


N.

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