lunes, 12 de septiembre de 2016

Diarios de un Fugitivo Nocturno: Primero mueven blancas (PROLOGO)



Diarios de un Fugitivo Nocturno:  
Primero mueven blancas.
 

Introducción.


Mi nombre es Sarah Ángela Darling, y nací el 16 de Enero  de 1756.
Mi padre era un magnate cómo diríamos hoy en día y, para el Londres de aquella época, éramos desmesuradamente ricos.
La verdad es que no conocí a mi madre, falleció en el parto. Pero bueno… con los medios de la época y la extremada fragilidad inherente a la raza humana, no es demasiado sorprendente. Aunque debió de sorprender a mi progenitor, pues se deprimió tanto que apenas llegamos a pasar grandes ratos juntos. Pasaba largas temporadas viajando, ya fuera por negocios o por placer, mientras yo me quedaba en casa. Sin embargo, y pese a la carente presencia de unos referentes paternos, la gran fortuna y la posición familiar me hicieron gozar de una niñez plena, lujosa y feliz.
Realmente nunca llegó a importarme que mi progenitor no estuviera en casa, yo nunca estaba sola. Me crié con una ama de llaves que hacía a su vez de niñera, Amma, y que siempre andaba pendiente de mí ; y, a partir de los 3 años, con un tutor, Carlisle, un viejo amigo de mi padre que pese a sus rarezas (que pasaron a ser una constante en la mente al pensar en él), siempre me trató cómo una hija.
Cuándo era pequeña, allá por mi tierna infancia cómo suele decirse, daba por supuesto que Carlisle se trataba de algún tío lejano. Ya entrada en la niñez, cerca de los 7 años, me quedé huérfana, y Carlisle pasó a ser mi tutor legal; por lo que yo empezaba a pensar que su forma de comportarse para conmigo tan sólo se debía al cariño, la amistad y la lealtad hacia mi progenitor. Eso y que tenía un gran interés en fomentar mis claras y recientemente adquiridas aptitudes en Literatura, Pintura y Música.
No obstante, descubrí más tarde que mi tutor no había accedido a tal puesto por mi padre, si no por mí. Llevaba mucho tiempo esperándome (o éso le oí decir en más de una ocasión) y , sobre todo, llevaba mucho tiempo esperando el hecho de poder participar en mi educación. Así que, finalmente, no sé si gracias a él o cómo él esperaba, no sólo me convertí en una joven despierta, inteligente y diestra; si no que , además , era una auténtica belleza.
Con tan sólo quince años, ya era quién ocupaba gran parte del argumento de las páginas de sociedad  y no sólo por mi soltería, si no por mis logros artísticos. Era famosa por ser el miembro más joven aceptado por la sinfónica de Londres, además de haber publicado destacados poemarios desde mis doce años.

Recuerdo que, dos años después de haber sido aceptada en la Sinfónica, Carlisle, cómo un buen padre preocupado por la educación de su brillante hija, instó en que fuera a estudiar Arte y Literatura a la cuna de todo el Arte mundial por aquél entonces, Florencia.
Sin embargo no descubrí el porqué de todas las rarezas de mi tutor hasta que volví a casa al finalizar mis estudios. Recuerdo que fue la noche antes de mi cumpleaños, poco después de mi vuelta, cuándo él me lo contó todo; por qué me esperaba a mí, por qué me quería mí y qué iba a ser yo a partir de entonces, de mi vigésimo cuarto cumpleaños, y todo lo que ello implicaba.


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