Diarios de
un Fugitivo Nocturno:
Primero mueven blancas.
Introducción.
Mi nombre es Sarah Ángela Darling, y nací el 16 de
Enero de 1756.
Mi padre era un magnate cómo diríamos hoy en día y, para
el Londres de aquella época, éramos desmesuradamente ricos.
La verdad es que no conocí a mi madre, falleció en el
parto. Pero bueno… con los medios de la época y la extremada fragilidad
inherente a la raza humana, no es demasiado sorprendente. Aunque debió de
sorprender a mi progenitor, pues se deprimió tanto que apenas llegamos a pasar
grandes ratos juntos. Pasaba largas temporadas viajando, ya fuera por negocios
o por placer, mientras yo me quedaba en casa. Sin embargo, y pese a la carente
presencia de unos referentes paternos, la gran fortuna y la posición familiar
me hicieron gozar de una niñez plena, lujosa y feliz.
Realmente nunca llegó a importarme que mi progenitor no
estuviera en casa, yo nunca estaba sola. Me crié con una ama de llaves que
hacía a su vez de niñera, Amma, y que siempre andaba pendiente de mí ; y, a
partir de los 3 años, con un tutor, Carlisle, un viejo amigo de mi padre que
pese a sus rarezas (que pasaron a ser una constante en la mente al pensar en
él), siempre me trató cómo una hija.
Cuándo era pequeña, allá por mi tierna infancia cómo suele
decirse, daba por supuesto que Carlisle se trataba de algún tío lejano. Ya
entrada en la niñez, cerca de los 7 años, me quedé huérfana, y Carlisle pasó a
ser mi tutor legal; por lo que yo empezaba a pensar que su forma de comportarse
para conmigo tan sólo se debía al cariño, la amistad y la lealtad hacia mi
progenitor. Eso y que tenía un gran interés en fomentar mis claras y
recientemente adquiridas aptitudes en Literatura, Pintura y Música.
No obstante, descubrí más tarde que mi tutor no había
accedido a tal puesto por mi padre, si no por mí. Llevaba mucho tiempo
esperándome (o éso le oí decir en más de una ocasión) y , sobre todo, llevaba
mucho tiempo esperando el hecho de poder participar en mi educación. Así que,
finalmente, no sé si gracias a él o cómo él esperaba, no sólo me convertí en
una joven despierta, inteligente y diestra; si no que , además , era una
auténtica belleza.
Con tan sólo quince años, ya era quién ocupaba gran
parte del argumento de las páginas de sociedad
y no sólo por mi soltería, si no por mis logros artísticos. Era famosa
por ser el miembro más joven aceptado por la sinfónica de Londres, además de
haber publicado destacados poemarios desde mis doce años.
Recuerdo que, dos años después de haber sido aceptada en
la Sinfónica, Carlisle, cómo un buen padre preocupado por la educación de su
brillante hija, instó en que fuera a estudiar Arte y Literatura a la cuna de
todo el Arte mundial por aquél entonces, Florencia.
Sin embargo no descubrí el porqué de todas las rarezas
de mi tutor hasta que volví a casa al finalizar mis estudios. Recuerdo que fue
la noche antes de mi cumpleaños, poco después de mi vuelta, cuándo él me lo
contó todo; por qué me esperaba a mí, por qué me quería mí y qué iba a ser yo a
partir de entonces, de mi vigésimo cuarto cumpleaños, y todo lo que ello
implicaba.
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