Pero aprendí a las malas que los cuentos son palabras, y que hay que trabajar para comer perdices.
Aprendí que las hadas existen, pero no conceden deseos ni te llevan volando a lugares dónde empezar de cero.
Aprendí que el polvo de hadas sólo es fuerza y esperanza para intentarlo, para hacerlo.
Aprendí que los príncipes tienen las mismas verrugas que los sapos y las ranas;
que las princesas solamente existen en una sola mirada.
Que los finales felices requieren mucho esfuerzo,
y que las parejas perfectas se hacen trabajando los problemas y defectos.
Aprendí que los cuentos de hadas son sólo palabras impresas,
pero que cada cuál elige que palabras quiere poner en su imprenta.
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Cuento número 9
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#N.
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